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Pocas cosas tienen tanta importancia como creemos

lunes, 24 de octubre de 2011

PREPARÁNDOSE PARA SER JEFE I

¿Quién no ha sufrido a un jefe o una jefa que le hacía la vida imposible? En mi caso particular, a varios. Hay diversas teorías sobre si son mejores unos u otras... Son casi todos malos; me he encontrado a chicas que juran que jamás volverán a trabajar para otra mujer porque las atormentará por la tremenda rivalidad que establecen entre ellas, a hombres que se lamentan de que una jefa es peor que un jefe porque se ve en la obligación de demostrar a todo el mundo que nadie le ha regalado nada, a mujeres que no soportan a su jefe porque continuamente trata de implicarlas en coqueteos, flirteos o cosas peores, a mujeres que se quejan de un machismo recalcitrante por parte de sus superiores, a jefes poco preparados, a jefas sin cualificación, a jefes enrollados con sus subalternas, a jefas liadas con sus subordinados... De todo hay en la viña del Señor. En mi modesta opinión, no tiene nada que ver con el sexo sino con la persona.

Ser jefe implica una responsabilidad que las personas que trabajan para él no suelen comprender;  ni deben. A veces, tu jefe debe soportar tremendas presiones por parte de sus superiores en el escalafón; en el sueldo va incluida la responsabilidad. Bien es cierto que, otras muchas, la carga le viene impuesta por el peso de los eslabones de la cadena que él mismo se ha ido forjando con el devenir de los años; serás tú, con tu sacrificio, quien pague las vacaciones de sus hijos en Los Ángeles o la ampliación de su garaje.
Pero siempre me ha llamado la atención que la mayoría de los jefes insoportables posee un rasgo común: la incoherencia. En esto, su comportamiento es muy parecido al de los padres. Yo, de niño, no veía con buenos ojos que me vetaran determinadas conductas que para ellos sí estaban permitidas: "Cuando seas padre comerás huevos". Un día me negué a cenarme una tortilla francesa porque no aún no era padre; así era yo, un niño modélico. 
En ocasiones, esa incoherencia es lógica; tú no conoces todos los motivos que les llevan a tomar sus decisiones (ni debes, repito) y por eso no las comprendes. Pero no me refiero a esos casos, sino a esos otros en los que tu jefe/jefa te pide algo hoy, que pasado mañana no querrá, te exige una tarea realizada de una determinada manera que después recriminará, te demanda un comportamiento que posteriormente censurará... Lo que hoy es blanco, mañana será negro y pasado mañana, azul. Cuando creas que has entendido qué color le gusta, tu problema será el tamaño del margen y cuando el proceso se repita, llegará el turno del tipo de letra. El resultado será que nunca sabrás qué esperar de tu superior y comenzarás a vivir en el terror, porque no puedes mandarlo todo al cuerno, porque tú también has ido forjando tu propia cadena y no puedes liberarte de su peso de un plumazo.

En ese sentido, soportar a un jefe errático no se diferencia mucho de vivir en la corte de Nerón o Calígula; si, por el motivo que sea, ese día el emperador se ha levantado con el pie izquierdo tu cabeza penderá de un hilo. 
No es que todos los déspotas lleguen a ser jefes, ni tan siquiera que ayude para alcanzar ese puesto. Es una actitud que se aprende. Incluso hay cursos que te enseñan a tratar a tus empleados... Y una vez que descubres el juego, puedes prepararte (no para combatirlo, porque sería un enfrentamiento desigual que perderías) sino para neutralizarlo.
Pero eso, amigos míos, os lo contaré en el siguiente post. 
Mientras tanto... PACIENCIA.

1 comentario:

  1. Cuanta razon,
    cuanto inutil anda suelto,
    ejerciendo de jefe o jefa.

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