Una amiga de la familia ha fallecido este fin de semana; tristes y muy dolorosos los últimos días de su vida. Ha demostrado gran valor y entereza para afrontar una sentencia de muerte segura: ELA. Una enfermedad extraña y compleja para la que no existe cura y que, tarde o temprano, se lleva a todos aquellos que toca con su garra helada. En su caso, fue fulgurante. Se lo diagnosticaron la primera semana de octubre y hasta aquí ha tenido fuerzas para luchar. Pocos días antes de morir, ella recordaba junto a mi madre que la última cosa que había podido hacer, una vez le diagnosticaron la enfermedad, fue ir a ver La cena de los idiotas con Agustín Jiménez y conmigo en el papel de anfitrión. Lo disfrutó mucho, se rió y durante dos horas conseguimos que se olvidara de su terrible enfermedad.
Cuando me lo contaron, me emocioné.
Amigos míos no han entendido nunca cómo puedo soportar los insultos gratuitos en mi colaboración semanal de Marca. Pues porque son cuatro frustrados que encuentran amparo en el anonimato y que lo único que buscan es algo de notoriedad para sus tristes vidas. Porque, por cosas como la que os acabo de importar, me importan una mierda sus insultos.
Me gusta pensar que con mi humor contribuyo a que algunas personas sean un poco más felices.
Dedicado a millones de personas que no tienen nombre.
El sábado volvía en el AVE de actuar en el teatro Quintero de Sevilla. Al otro lado del pasillo se sentaron dos mujeres; una de ellas parecía bastante enferma pero sonreía, su acompañante se esforzaba en devolverle la sonrisa con dulzura, pero su rostro estaba ajado y cansado... Debía de tener unos treinta y tantos años pero su aspecto era el de alguien mucho mayor... Me hizo reflexionar sobre todas esas personas buenas que se sacrifican para ayudar a los demás; no me refiero a religiosos ni a miembros de ninguna ONG, sino a esos millones de seres humanos que renuncian a todo por acompañar a un padre anciano o para hacerse cargo de un ser querido que sufre... El sacrificio suele ser enorme; hasta el punto de que sus vidas se convierten en un apéndice de la de las personas que cuidan, siendo su atención el único motor de su existencia.
El sábado, en el AVE, me di cuenta de que junto a alguien que sufre suele haber un rostro demacrado que acepta su dolor en silencio.
Por amor.
Recordadlo la próxima vez que alguien trate de convenceros de que el ser humano es egoísta por naturaleza.
¿2.011 ha sido bueno o malo? Depende (una gran respuesta, ¿no?) de si lo considero de forma particular o en el conjunto de la sociedad. Estoy harto de análisis del segundo tipo así que me limitaré a hablar de mí, que para eso tengo este blog. Para Juan Solo, 2.011 ha sido un año que ha aportado cosas muy buenas, grandes logros profesionales, y un año que ha traído cosas muy malas; grandes decepciones profesionales.
Haciendo memoria recuerdo que el primer cuarto del año viví intoxicado por las palabras de Robert McKee (para el que quiera saber a qué me refiero indico aquí las dos entradas de mi blog que hacen referencia al maestro del guión: La comedia en España y Lo importante es el camino): aquella sentencia suya de "no dejes que venza la mediocridad" despertó en mí una serie de sentimientos encontrados que provocaron un período de zozobra y de "yo contra el sistema" que me hizo sufrir bastante a nivel personal (aunque mereció la pena). Esto se combinó con tres estupendos meses de SOLO EN CASA en el teatro Galileo en compañía de Dimitri Kirilenko, el muñeco bielorruso.
En el segundo trimestre, la tempestad interna que se había desatado en mi cabeza fue calmándose, lo que me proporcionó la paz que necesitaba y que tanto me costó conseguir un par de años atrás. En mayo cerré una estupenda temporada en el teatro Galileo lo que me permitió asegurarme una tercera, presenté un concurso de monólogos en la 10 de tv y sufrí un cólico nefrítico, algo nuevo para mí y que no deseo a nadie.
El verano me llevó de un lado a otro; fue una etapa agitada y productiva, con la que me divertí mucho. Todo culminó con la obtención de mi papel en La cena de los idiotas; afronté un riesgo tremendo al verme obligado a estrenar la segunda temporada en Madrid sin poder ensayar con la compañía más que una tarde, un día antes del estreno, ya que ellos se encontraban de gira. Afortunadamente, fueron unos grandes compañeros y todo salió bien.
Durante el último trimestre del año compaginé La cena de los idiotas con la vuelta al teatro Galileo de SOLO EN CASA en su tercera temporada. Viví momentos gloriosos sobre ambos escenarios. Josema Yuste enfermó y durante una semana le sustituí en todas las funciones, algo que me sirvió para obtener el reconocimiento general a mi trabajo; para mí supuso un gran triunfo ya que, aunque lleve siete años tratando de hacer reír al público, mi carrera de actor siempre ha sido lo primero en mi lista de prioridades y por ello me licencié en Arte Dramático por la RESAD.
Era feliz hasta el día 18 de noviembre; esa mañana, una llamada telefónica lo truncó todo y sólo pude hacer cuatro funciones más de La cena de los idiotas. Quince días después de aquello, me informaban de que el teatro Galileo afrontaría una profunda remodelación que cerraría sus puertas, hecho que me impediría continuar con las representaciones de SOLO EN CASA más allá del 30 de diciembre. En tan sólo dos semanas, mi felicidad se transformó en una pesadumbre abrumadora.
Lo único que se ha mantenido inalterable durante este viaje en montaña rusa que ha supuesto el 2.011 ha sido mi colaboración semanal en Marca.com, ya que el programa de radio en el que había trabajado durante 11 años también acabó de forma abrupta e injusta a finales de agosto.
En resumen; he vivido momentos de gran satisfacción personal y otros muy distintos en los que me he visto derrotado por fuerzas mayores que yo y contra las que no he podido luchar, ni tan siquiera oponer resistencia.
De todo ello, me quedo con mi predisposición para salir adelante y el convencimiento de que todo no es más que una ilusión; por mucho que creamos que sujetamos las riendas de nuestro destino, la vida no es más que un potro desbocado capaz de tirarnos de la silla a la menor oportunidad.
¿Qué me depara 2.012? Ni idea. Espero que cosas buenas, pero habrá de todo, no lo dudéis. Yo escogí esta profesión; si hubiera querido tener el futuro asegurado me habría dedicado a la política. :)
Siempre me ha encantado esta época del año; me declaro una persona friolera pero me gusta el frío (aunque parezca un contrasentido), la nieve, caminar a toda prisa enfundado en un abrigo, una bufanda enrollada al cuello y una ración de castañas asadas calentándome el corazón.
Los regalos y toda la parafernalia consumista que se crea alrededor de estas fiestas son algo muy secundario para mí. Los míos saben que llevo años en los que, cuando me preguntan qué me gustaría que me regalaran por Navidad, siempre contesto que me da igual; y así es. Lo único que deseo es poder seguir disfrutando de su compañía y de su cariño durante mucho, mucho tiempo.
Hay personas a las que no les gusta la Navidad, y otros muchos que declaran "odiarla". No sé cómo se puede odiar la Navidad. Quizá sea porque se ven forzados a ver a sus familias y a reunirse en torno a la mesa con personas que dejaron de importarles hace mucho. Sólo puedo decirles que mi hermano y yo, que nos quedamos huérfanos de padre cuando éramos niños, siempre hemos echado de menos el barullo de una casa por Navidad; las carreras, las prisas, las canciones, las risas... Cierto es que hay quien se entristece por el recuerdo de aquellos que ya no están, y es muy lógico. Pero si realmente los quisiste ya no hay mucho más que puedas hacer por ellos salvo recordarlos con amor. Disfruta del presente y de todos los presentes que vendrán.
Llevo varios años en los que las Navidades han sido duras, por uno u otro motivo. La última Nochebuena la pasé en el tanatorio; la muerte de un amigo, un recuerdo muy triste. Por distintas circunstancias, la primera década del siglo me ha deparado muy pocos momentos felices durante estas fiestas pero no culpo por ello a nadie y mucho menos a la Navidad. Creo que tengo un don para hacer reír y lograr que los demás sean felices y me centro en ello.
Pero, desde que era un niño, sueño con tener unas Navidades blancas... de verdad.
Sueño con unas Navidades Blancas,
como las que en su momento conocí,
dónde brilla la estrella en el árbol,
y los niños escuchan
campanas de trineo sobre la nieve.
Sueño con unas Navidades Blancas,
con cada tarjeta navideña que escribo
"que tus días sean felices y brillen
y que todas tus Navidades sean blancas".
No puedo evitar que, cuando escucho esta canción, se me salten las lágrimas... de felicidad.
La memoria es una amiga infiel, siempre dispuesta a traicionarnos.
Una experta en perfumes me aportó un término que desconocía: "le sillage". Le sillage es el rastro, la traza... Aquello que queda cuando la fragancia comienza a desvanecerse. Como la estela que deja un barco; un recuerdo breve de su paso junto a nosotros...
Me gusta el término; metafóricamente, ocurre lo mismo con las personas y las situaciones. Cuando las vives parece que nunca podrás olvidarlas pero, poco a poco, la memoria va borrando y añadiendo a su antojo hasta que los límites de lo cierto y lo imaginado se difuminan, aunque dejan en ti una impresión sensorial inconfundible y, dependiendo de la intensidad de la experiencia, indeleble.
Hace poco, alguien mencionó una conversación sobre árboles. Fue un momento maravilloso pero había quedado aparcado en algún lugar de la mente; nada más mencionarla, la reviví con absoluta nitidez. Parecía que acabara de producirse y ya habían transcurrido tres años desde que tuvo lugar.
Me encanta viajar; a veces, cierro los ojos y con la imaginación regreso a lugares exóticos que he visitado, algunos de ellos sobrecogedores por su belleza. De entre todas, mi imagen favorita es la de "el ojo de la ballena".
Yo estaba de pie, sobre una barca de madera con mi cámara en la mano y bajo el agua, una ballena franca austral rascaba su lomo contra la quilla. El movimiento era amistoso, incluso dulce, pero la barca se zarandeaba y yo con ella. En ningún momento percibí peligro; tan solo una enorme excitación por poder observar a aquel enorme titán de quince metros de longitud a menos de un palmo bajo mis pies. Entonces lo vi; descubrí un gigantesco ojo que me observaba bajo el agua. Me perdí absorto en su contemplación y el mundo entero desapareció engullido por aquella negrura, en un instante. Ese prodigio de la Naturaleza y yo conectados por una mirada... Percibí su nobleza, su inmensidad, la grandeza del momento y un millar de cosas más que no puedo explicar. Disparé mi cámara y recé para que, cuando revelara el carrete, apareciera allí algo más que la cubierta de la barca o un manchurrón informe bajo el agua.
Esto es lo que conseguí.
El triángulo blanco que se ve en la esquina inferior izquierda es el borde del bote: si seguís la silueta de la cabeza bajo el agua, encontraréis el ojo. Una experiencia sublime.
Le sillage... El rastro, el recuerdo de una tarde de verano en una terraza, de un vestido al amanecer, de una ballena en Puerto Madryn, de una noche bajo las estrellas, de un café en una estación... Recuerdos que el tiempo irá adaptando pero nunca desaparecerán.
Para poder aplicar este comentario creo necesario que previamente te leas el anterio: Preparándose para ser jefe I
Los jefes tienes varios trucos que debes saber identificar:
1) TU JEFE JUEGA AL DESPISTE: ya lo comentaba en la entrada anterior. La clave consiste en que nunca sepas qué puedes esperar de él; esto te obligará a estar en alerta constante. El objeto de esta actitud no es lograr que mejores tu rendimiento, porque en realidad lo empobreces notablemente, sino que les temas Así nunca te atreverás a cuestionar su autoridad.
Esto tiene mala solución. Yo era muy dado a evidenciar la falta de coherencia de mis superiores delante de otras personas. Hay formas más inteligentes de suicidarte laboralmente. Es posible que, ante los demás, no te machaquen pero TE LA GUARDARÁN. Lo mejor que puedes hacer es no perder los papeles y no pasarte de listo JAMÁS. Y hablar siempre en tono muy calmado. Les gusta exasperarte así que conviértete en un Gandhi del trabajo. Expón tus argumentos con dulzura aunque, por dentro, te apetezca arrancarle la cabeza como a una muñeca de Famosa. Cuando tu antagonista sabe que no tiene razón, el amor beatífico le resulta insoportable.
2) TU JEFE NUNCA ESTÁ COMPLACIDO CON NADA DE LO QUE LE PRESENTAS: éste es un clásico. Frases como "puedes hacerlo mejor" o "dale una vuelta" forman parte del "Manual del jefe" Comprende que lo hacen para justificar su puesto y su sueldo; si tú lo hicieras todo bien a la primera el jefe serías tú.
Solución: guárdate un as en la manga. Prevé su actitud y resérvate alguna mejora, modificación o detalle... Cuando se lo vuelvas a entregar adoptarán ese aire condescendiente de: ¿ves cómo podías hacerlo mejor? Esto funciona siempre.
Si tu trabajo se presta a ello, inúndale con alternativas, alaba su buen criterio y niégate a dar un paso hasta que recibas su visto bueno. No le dará tiempo a leerlo todo y acabará pidiéndote que hagas lo que tú creas conveniente.
3) TU JEFE INTENTA HACERSE SU AMIGO: ¡Mucho cuidado! Esta es una maniobra muy astuta. Un buen día te pregunta por tu familia, por tus vacaciones, por tus aficiones... Crees que es para tener un trato más cercano contigo... ¡NOOOO! Es para que empieces a verle de otra manera, como un colega más que como a un jefe. De esa forma, cuando te pida algún esfuerzo extra o sacrificio no pondrás tantas objeciones. Algunos, incluso, van más lejos; tratan de darte lástima.
Solución: maréales. Abrúmales con datos sobre lo que te preguntan. ¿Hoy les interesa saber dónde está esa casa rural de la que hablaste un día? Mañana aparece en la oficina con folletos de turismo rural y entrégaselos, al día siguiente búscale rutas de senderismo, enséñale fotos, dale un catálogo de mountain bikes... Que se arrepienta de haberte preguntado y se le quiten las ganas de volver a hacerlo en el futuro.
4) TU JEFE ESTÁ CHIFLADO, ES UN PARANOICO O UN MISERABLE : búscate otro trabajo. No vas a cambiarle. No puedes luchar contra él. Si decides quedarte en tu puesto sabes lo que te espera. No todo el mundo puede elegir, desde luego, pero algunas personas si tienen esa posibilidad y renuncian a ella por miedo a lo desconocido. Si es tu caso, luego no te quejes.
5) TU JEFE ESTÁ SOMETIDO A UN PODER SUPERIOR : el clásico entre los clasicos. "No es culpa mía", "arriba se han puesto muy nerviosos con las cifras", "he intentando defenderte", "yo también lo estoy pasando mal"... Sí, puede ser que en algún caso sea cierto; pongamos un... 5%. En el resto ES MENTIRA. Claro, tú piensas que no es así porque tu jefe ha empleado el truco número 2, es majo, se interesa por tus maquetas de trenes... ¡¡¡ES MENTIRA!!! Él no puede hacer más, el director se ha empeñado... sólo entienden de cifras... ¡¡¡ES MENTIRA!!!
La primera norma de un jefe es "Crea un enemigo común al que siempre puedas acusar de aquellas decisiones impopulares que tú debas tomar". Así de sencillo. ECHAR BALONES FUERA
SOLUCIONES MAESTRAS: si eres mujer, llora. Con entrenamiento puedes llegar a conseguirlo con facilidad. A ningún hombre le gusta hacer llorar a una mujer, slalvo a los individuos del supuesto 4. Si tu jefa es mujer, no llores frente a ella, no le des ese gustazo, pero en cuanto salgas de su desapacho llora delante de los demás. Si, da un poco de vergüenza pero es increíblemente efectivo. Tu jefa quedará ante todos como una déspota y la próxima vez medirá sus actos.
Si eres hombre, llora también, pero sólo delante de tu superior. Si el también es hombre se pondrá muy violento. Si es mujer no lo hagas, mandaráis un mensaje de debilidad. En ese caso habla de tu mujer, de tus hijos, de vuestros sueños...
Todo está pensando para tocarles las narices como ellos te las tocan a ti, pero sin arriesgar tu puesto.
Y en cualquier caso, imagínate a tu jefe sentado en esta silla. Esto te arrancará una sonrisa, siempre.
¿Quién no ha sufrido a un jefe o una jefa que le hacía la vida imposible? En mi caso particular, a varios. Hay diversas teorías sobre si son mejores unos u otras... Son casi todos malos; me he encontrado a chicas que juran que jamás volverán a trabajar para otra mujer porque las atormentará por la tremenda rivalidad que establecen entre ellas, a hombres que se lamentan de que una jefa es peor que un jefe porque se ve en la obligación de demostrar a todo el mundo que nadie le ha regalado nada, a mujeres que no soportan a su jefe porque continuamente trata de implicarlas en coqueteos, flirteos o cosas peores, a mujeres que se quejan de un machismo recalcitrante por parte de sus superiores, a jefes poco preparados, a jefas sin cualificación, a jefes enrollados con sus subalternas, a jefas liadas con sus subordinados... De todo hay en la viña del Señor. En mi modesta opinión, no tiene nada que ver con el sexo sino con la persona.
Ser jefe implica una responsabilidad que las personas que trabajan para él no suelen comprender; ni deben. A veces, tu jefe debe soportar tremendas presiones por parte de sus superiores en el escalafón; en el sueldo va incluida la responsabilidad. Bien es cierto que, otras muchas, la carga le viene impuesta por el peso de los eslabones de la cadena que él mismo se ha ido forjando con el devenir de los años; serás tú, con tu sacrificio, quien pague las vacaciones de sus hijos en Los Ángeles o la ampliación de su garaje.
Pero siempre me ha llamado la atención que la mayoría de los jefes insoportables posee un rasgo común: la incoherencia. En esto, su comportamiento es muy parecido al de los padres. Yo, de niño, no veía con buenos ojos que me vetaran determinadas conductas que para ellos sí estaban permitidas: "Cuando seas padre comerás huevos". Un día me negué a cenarme una tortilla francesa porque no aún no era padre; así era yo, un niño modélico.
En ocasiones, esa incoherencia es lógica; tú no conoces todos los motivos que les llevan a tomar sus decisiones (ni debes, repito) y por eso no las comprendes. Pero no me refiero a esos casos, sino a esos otros en los que tu jefe/jefa te pide algo hoy, que pasado mañana no querrá, te exige una tarea realizada de una determinada manera que después recriminará, te demanda un comportamiento que posteriormente censurará... Lo que hoy es blanco, mañana será negro y pasado mañana, azul. Cuando creas que has entendido qué color le gusta, tu problema será el tamaño del margen y cuando el proceso se repita, llegará el turno del tipo de letra. El resultado será que nunca sabrás qué esperar de tu superior y comenzarás a vivir en el terror, porque no puedes mandarlo todo al cuerno, porque tú también has ido forjando tu propia cadena y no puedes liberarte de su peso de un plumazo.
En ese sentido, soportar a un jefe errático no se diferencia mucho de vivir en la corte de Nerón o Calígula; si, por el motivo que sea, ese día el emperador se ha levantado con el pie izquierdo tu cabeza penderá de un hilo.
No es que todos los déspotas lleguen a ser jefes, ni tan siquiera que ayude para alcanzar ese puesto. Es una actitud que se aprende. Incluso hay cursos que te enseñan a tratar a tus empleados... Y una vez que descubres el juego, puedes prepararte (no para combatirlo, porque sería un enfrentamiento desigual que perderías) sino para neutralizarlo.
Pero eso, amigos míos, os lo contaré en el siguiente post.